EL PACTO FICCIONAL
A grandes rasgos, el pacto ficcional es el trato
implícito en todo proceso de narración, según el cual el lector se compromete a
creer lo que el escritor le está contando, siempre que el escritor respete su
creación y mantenga la coherencia en la narración. Para conocerlo un poco
mejor, vamos a desglosar todas las características del pacto por puntos:
·
El lector acepta que lo que está leyendo son
hechos imaginarios, pero no son mentiras. Es decir, abandona -mientras dure la experiencia de lectura- todo
juicio acerca de la verdad o falsedad del texto. De esta manera, aunque el
lector sepa que las hadas no existen, mientras esté leyendo un libro donde
aparezcan hadas, aceptará la existencia de las mismas dentro del contexto de la
historia.
·
El escritor puede incluir en la historia
tantos elementos ficticios e irreales como desee, pero deberá respetar la base
de lo que ha creado. Por ejemplo, si al comienzo de tu narración has dicho que los
dragones solo escupen fuego, no puedes hacer que de repente escupan hielo a
mitad de la historia (a menos que lo justifiques de manera coherente y realista
dentro del marco de ficción que has creado).
·
Durante la experiencia de narración y lectura,
tanto lector como escritor fingen que los hechos de la narración ocurrieron. De no ser así, todas las
historias de ficción estarían contadas como si fueran hipótesis, y resultaría
imposible introducirse de lleno en las mismas.
·
El escritor debe mantener ciertos elementos de
la vida real para que sirvan de referencia al lector. Lo contrario probablemente
sería imposible, dado que incluso cuando estamos inventando algo que no existe
en la vida real, tenemos como base nuestro propio conocimiento y experiencia
sociocultural.
·
El escritor asume que aquellos detalles que no
especifique serán percibidos por el lector tal y cómo existen en el mundo real. Es decir, que si hablas de un
mundo fantástico en el que hay nubes pero no especificas de qué color son, el
lector dará por hecho que las nubes son blancas.
·
El escritor se compromete, además, a respetar
las características del género que ha elegido. Eso significa que no se meterán elementos de
fantasía en una trama policíaca y realista, porque implicaría romper con la
continuidad y la coherencia de la narración, y descolocaría al lector.
Como decía al principio, una de las
cosas más interesantes del pacto ficcional es que lo cumplimos incluso cuando
no lo conocemos. Nadie se pone a leer Drácula bajo la premisa
de que la historia es falsa porque los vampiros no existen. Dentro de Drácula,
los vampiros existen. Es así. Que no te cuestiones ese tipo de cosas es
precisamente lo que hace que la experiencia de lectura acabe siendo mágica.
Gracias al pacto ficcional que llevamos intrínseco, en la literatura todo es
posible.
Además, dentro del pacto ficcional,
el concepto de verdad y de mentira se redefine por completo. Por ejemplo,
cuando lees Jurassic Park, eres consciente de que los
dinosaurios están extintos en el mundo real, pero en el contexto de la lectura,
la existencia de los dinosaurios es VERDAD. Sin embargo, si al autor le diera
por incluir unicornios en la narración, probablemente te sentirías desengañado
y estafado por la historia. Dirías que la presencia de unicornios es MENTIRA.
Siendo totalmente sinceros, ninguna de las dos cosas es verdad al uso: los
unicornios no existen y los dinosaurios tampoco. Sin embargo, en el pacto
ficcional con el escritor, el lector ha asumido que los dinosaurios no
constituyen una mentira, pero no ha hecho lo mismo con los unicornios. De esta
manera, se mantiene la idea de que todo es posible, sin perder la coherencia en
las narraciones y sin romper con el realismo dentro de la experiencia de
lectura.
Como puedes comprobar, no es que el pacto ficcional
no se pueda romper: por poder, se puede. Como lector, puedes pasarte toda la
lectura quejándote de que las hadas no existen o indignándote porque la
narración esté en pasado cuando sabes que nada ocurrió de verdad. Como
escritor, puedes cambiar el fuego de los dragones por hielo sin dar
explicaciones, puedes mezclar dinosaurios con unicornios y puedes hacer que las
nubes sean de color violeta sin avisar al lector. Pero no haces ninguna de esas
cosas, porque como lector quieres disfrutar de la lectura y como escritor
quieres crear algo que te guste y que guste a los lectores. En general, el
pacto ficcional no se rompe porque nadie quiere cargarse un proceso de
comunicación tan bonito como el que se produce al crear e imaginar una
historia.
Evidentemente, aunque hablo de literatura, el pacto
ficcional se aplica a cualquier tipo de narración: lo verás en el cine y en el
teatro, en cualquier relato y en cualquier historia. Aunque muchos no lo
conozcan o no sepan su nombre, forma parte de la esencia de toda trama. Existe
antes de que empecemos a escribir.
Aunque escritores y lectores llevemos este pacto
intrínseco, y aunque tal y como lo he descrito, parezca muy fácil de cumplir,
no debemos olvidarnos nunca de él. El mundo del arte es siempre libre y sabemos
que cierto caos forma parte de su encanto, pero si pasamos por alto las bases
del pacto ficcional podemos cometer errores graves en el proceso de creación:
podemos destruir la trama y decepcionar al lector, o podemos estropear nuestra
propia experiencia de lectura. Por ello, tener presente un orden, una
norma que mantenga siempre la empatía y la conexión entre lector y escritor,
puede ser lo que marque la diferencia y lo que nos permita disfrutar de la
historia de verdad.