LOS VIAJEROS
Un pasajero, a su vecino de asiento:
- ¿Ha visto? El periódico informa de otro
accidente de aviación.
- Sí he visto: en la lista de muertos
estamos nosotros.
Raúl Brsca
.EL
OTRO
Me pidió permiso para sentarse a mi mesa y
se sentó. Un surco ennegrecido le
cruzaba la garganta. No pude evitar el
escalofrío.
-¿Le llama la atención mi cicatriz?
-preguntó el joven.
-¡Ah, no! -fue mi hipócrita respuesta.
-Es una desgracia que aún me tortura. Al final
de la guerra me hicieron prisionero y
un oficial me sableó. Me dieron por muerto,
me abandonaron.
-¿Al final de qué guerra?
-De la guerra contra España.
-¿Cómo?
-De la guerra contra España.
Llamé al camarero. Le pedí la cuenta y
agregué:
-Mire a ver qué desea tomar el señor.
-¿Qué señor?-masculló el camarero
Raúl
Brasca
La joven soñó que caminaba en el campo por
un extraño sendero que subía por la
colina. Allí arriba había una hermosa casa
blanca rodeada de un jardín.
Con curiosidad llamó a la puerta, que fue
abierta por un hombre extremadamente
anciano, con una larga barba blanca. Pero en
el momento en que empezaba a hablarle,
despertó.
Durante varios días recordó el sueño detalle
por detalle. Después volvió a soñarlo
durante tres noches seguidas, y siempre
despertaba en el momento de comenzar a hablar
con el anciano.
Poco después se dirigió a una fiesta
campesina. De pronto, hizo detener el auto. Allí,
a la derecha del camino, estaba el sendero de
sus sueños.
- Espéreme un momento –pidió al chofer.
Con el corazón que le golpeaba alocadamente
echó a andar por el sendero. No se
sintió sorprendida cuando el camino la llevó
hasta esa casa que recordaba en sus menores
detalles.
El mismo anciano del sueño abrió la puerta.
- Dígame –preguntó la joven-, ¿Está en venta
esta casa?
- Sí –respondió el hombre- pero no le
aconsejo que la compre. Esta casa es visitada
por un fantasma.
- Un fantasma –dijo la muchacha-. Por Dios,
¿Y quién es?
- Usted –dijo el anciano, y cerró suavemente
la puerta.
Anónimo
.
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