jueves, 23 de marzo de 2017

ENTREVISTA A SUSAN COLLINS

ENTREVISTA  A SUSAN COLLINS


Te mueves entre a acción, aventura, mitología, ciencia ficción, romance y filosofía a través de Los Juegos del Hambre. ¿Qué te influenció para crear Los Juegos del Hambre?
Una influencia significativa fue el mito griego de Teseo y el Minotauro. El mito te cuenta como en castigo por los atrevimientos del pasado, Atenas enviaba regularmente siete jóvenes y siete damas a Creta, en donde eran lanzados al Laberinto y devorados por el monstruoso Minotauro.
Aún siendo un niña podía entender cuán cruel era esto y como Creta estaba enviando un mensaje claro, “Métete con nosotros y haremos algo pero que matarte: Mataremos a tus hijos”. Y lo principal es que se permitía, ya que los padres se sentaban a contemplarlo impotentes. Teseo, que era hijo del rey, se ofreció como voluntario para ir, y creo que en cierta forma, Katniss es un Teseo futurista.
Manteniéndome en las raíces clásicas, mandé a mis tributos a una versión actualizada de los juegos de gladiadores romanos, lo cual implica a un gobierno despiadado que fuerza a la gente a pelear a muerte como un entretenimiento popular. El mundo de Panem, particularmente el Capitolio, está plagado de referencias romanas. De hecho, la palabra Panem viene de la expresión “Panem et circenses”, que se traduce como “Pan y Circo”.
Las audiencias tanto de los juegos romanos como de la televisión de realidad son personajes en sí mismos, pueden reaccionar con gran entusiasmo o interpretar un papel decisivo en tu eliminación.
Estaba haciendo zapping entre canales de reality shows y la cobertura de una guerra cuando la historia de Katniss llegó a mí. Una noche estoy sentada viendo televisión cambiando de un canal a otro y en uno hay un grupo de jóvenes compitiendo por, no sé, ¿dinero, puede? Y en el otro está un grupo de jóvenes peleando en una guerra real. Y estaba cansada, y las líneas empezaban a verse borrosas de esa forma tan inquietante, y así pensé en esta historia.

PENÉLOPE ( intertextualidad)


Hola, para la próxima clase traer estos dos textos que siguen. Podés copiarlos o imprimirlos. 
Nos vemos el martes

La tela de Penélope o quién engaña a quién

(Augusto Monterroso)

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.


Ítaca,  Kavafis

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrígones y a Cíclopes o al airado
Poseidón nunca temas:
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia la emoción
de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón
hallarás nunca
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien los pone ante ti.
Pide que tu camino sea largo,
que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer felizmente arribes
a bahías nunca vistas.
Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta,
mas no apresures el viaje,
mejor que se extienda largos años,
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje,
sin ella el camino no hubieras emprendido,
mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.
Rico en saber y en vida como has vuelto
comprenderás ya que significan la Ítacas.

Konstantin Kavafis  



PENÉLOPE, J.M.Serrat



PENÉLOPE,  J.M.Serrat
Penélope, 
con su bolso de piel marrón 
y sus zapatos de tacón 
y su vestido de domingo. 
Penélope 
se sienta en un banco en el andén 
y espera que llegue el primer tren 
meneando el abanico. 

Dicen en el pueblo 
que un caminante paró 
su reloj 
una tarde de primavera. 
"Adiós amor mío 
no me llores, volveré 
antes que 
de los sauces caigan las hojas. 
Piensa en mí 
volveré a por ti..." 

Pobre infeliz 
se paró tu reloj infantil 
una tarde plomiza de abril 
cuando se fue tu amante. 
Se marchitó 
en tu huerto hasta la última flor. 
No hay un sauce en la calle Mayor 
para Penélope. 

 

Penélope, 
tristes a fuerza de esperar, 
sus ojos, parecen brillar 
si un tren silba a lo lejos. 
Penélope 
uno tras otro los ve pasar, 
mira sus caras, les oye hablar, 
para ella son muñecos. 

Dicen en el pueblo 
que el caminante volvió. 
La encontró 
en su banco de pino verde. 
La llamó: "Penélope 
mi amante fiel, mi paz, 
deja ya 
de tejer sueños en tu mente, 
mírame, 
soy tu amor, regresé". 

Le sonrió 
con los ojos llenitos de ayer, 
no era así su cara ni su piel. 
"Tú no eres quien yo espero". 
Y se quedó 
con el bolso de piel marrón 
y sus zapatitos de tacón 
sentada en la estación.



martes, 21 de marzo de 2017

INTERTEXTUALIDAD

  INTERTEXTUALIDAD
La intertextualidad plantea la relación directa de un texto con uno o varios textos más.  . El fascinante mundo de la cultura se nutre de una tradición que le es preexistente.
Lo primero que hay que destacar es que la noción moderna de intertextualidad es diferente de la noción de influencia. La influencia generalmente se ha referido a elementos generales externos que tienen importancia en la formación y en la producción artística de un autor, y, en mucha menor medida, a una relación interna efectiva entre las obras y la obra global de un autor.

La intertextualidad no sólo se reduce a la esfera de la cultura más letrada sino que incorpora elementos del texto social como el cine, la historia, la crónica, etc. Y también es un concepto que se ha manifestado en otras artes como las variaciones de un pintor sobre una pintura anterior, etc. Muchos autores han sabido incorporar elementos de la cultura popular en sus obras renovando los esquemas culturales tradicionales, como por ejemplo Nicanor Parra, Andy Warhol y Manuel Puig.

A continuación se aportan definiciones de los conceptos directa o indirectamente ligados al tema, para no caer en confusiones: 

Intertextualidad
- Relación transformadora de una obra con otro texto anterior.
- Es necesario que el diálogo, es decir la relación,  se produzca al nivel de la construcción del texto.
- Es una relación creativa que genera un nuevo texto a partir del diálogo con otro texto anterior.

Plagio
Imitación consciente de un modelo sin indicar la fuente de referencia.
- Puede ser temático y estilístico.
- No existe la creatividad.

Influencia
- Imitación inconsciente de un modelo. Generalmente es temática, aunque puede ser estilística.
- Si se asume con creatividad puede llegar a ser muy beneficiosa.

 EJEMPLOS
Cita 
Siempre me había imaginado que la historia de mi vida, cuando la escribiera, empezaría con una magnífica primera línea: algo lírico como "Lolita, luz de mi vida. Fuego de mis entrañas" de Nabokov; o si no hubiera podido hacerlo lírico, entonces algo dramático como "Todas las familias felices son parecidas, pero las infelices lo son cada una a su manera", de Tolstoi. La gente recuerda esas palabras aún cuando han olvidado todo lo demás respecto a los libros.
Sam Savage, Firmin.
Las primeras líneas de la novela Firmin (2006) recurren explícitamente a citar las obras Lolita y Ana Karenina. La relación intertextual, en este caso, es evidente. La forma en la que el narrador de Firmin busca establecer correspondencias entre su texto y esas otras obras canónicas, por medio de la cita, hace que las posibles significaciones de los textos anteriores se tomen en cuenta para la recepción e interpretación de la obra más reciente.
Plagio 
She had left her window open. She could, perhaps, climb the apple tree and scramble into her own bedroom at last and slam down the window on the deserts of vast eternity outside.
Angela Carter, The Magic Toyshop.
En este fragmento de la novela The Magic Toyshop (1967), Angela Carter recurre al “plagio” para establecer una relación intertextual con el extenso poema metafísico “To His Coy Mistress” (ca. 1659), que en una de sus secciones dice:
But at my back I always hear
Time’s winged chariot hurrying near;
And yonder all before us lie
Deserts of vast eternity.
Andrew Marvell "To His Coy Mistress"
La autora de la novela no explica la referencia al poema, ni explicita la presencia de éste en su narración, por lo que el plagio sólo se hace evidente para los lectores familiarizados con los versos de Marvell Así, una vez que la relación se establece, las resonancias de “To His Coy Mistress” entran en diálogo con el contenido de The Magic Toyshop para dar una posible complejidad mayor al texto que se vale del otro para construirse.
Alusión 
Si realmente quieren saber sobre lo que voy a contarles, lo primero que probablemente querrían saber es dónde nací, como fue mi miserable infancia, y a qué se dedicaban mis padres antes de tenerme, y toda esa basura a lo David Copperfield, pero, para ser sincero, no tengo ganas de meterme en eso.
J.D. Salinger, The Catcher in the Rye
Estas líneas corresponden al inicio de la novela The Catcher in the Rye, de 1951. En ellas, el protagonista Holden Caulfield no reproduce las palabras de otra obra (como sucede en la cita o el plagio), sino que sólo menciona al David Copperfield, protagonista de la novela homónima de Charles Dickens, para establecer un contacto. El motivo de esta relación intertextual de alusión es distanciarse de esta obra previa, con la que guarda algunas semejanzas. En ambas obras el protagonista es narrador en primera persona y se trata de un chico que atraviesa una infancia y adolescencia difíciles.
En este caso la alusión se produce por la mención literal del nombre, aunque también puede haber alusiones más sutiles que dependen de que el lector tenga un conocimiento previo de otra obra aludida.



miércoles, 5 de octubre de 2016

EL PACTO FICCIONAL

EL PACTO FICCIONAL
A grandes rasgos, el pacto ficcional es el trato implícito en todo proceso de narración, según el cual el lector se compromete a creer lo que el escritor le está contando, siempre que el escritor respete su creación y mantenga la coherencia en la narración. Para conocerlo un poco mejor, vamos a desglosar todas las características del pacto por puntos:
·         El lector acepta que lo que está leyendo son hechos imaginarios, pero no son mentiras. Es decir, abandona -mientras dure la experiencia de lectura- todo juicio acerca de la verdad o falsedad del texto. De esta manera, aunque el lector sepa que las hadas no existen, mientras esté leyendo un libro donde aparezcan hadas, aceptará la existencia de las mismas dentro del contexto de la historia.
·         El escritor puede incluir en la historia tantos elementos ficticios e irreales como desee, pero deberá respetar la base de lo que ha creado. Por ejemplo, si al comienzo de tu narración has dicho que los dragones solo escupen fuego, no puedes hacer que de repente escupan hielo a mitad de la historia (a menos que lo justifiques de manera coherente y realista dentro del marco de ficción que has creado).
·         Durante la experiencia de narración y lectura, tanto lector como escritor fingen que los hechos de la narración ocurrieron. De no ser así, todas las historias de ficción estarían contadas como si fueran hipótesis, y resultaría imposible introducirse de lleno en las mismas.
·         El escritor debe mantener ciertos elementos de la vida real para que sirvan de referencia al lector. Lo contrario probablemente sería imposible, dado que incluso cuando estamos inventando algo que no existe en la vida real, tenemos como base nuestro propio conocimiento y experiencia sociocultural.
·         El escritor asume que aquellos detalles que no especifique serán percibidos por el lector tal y cómo existen en el mundo real. Es decir, que si hablas de un mundo fantástico en el que hay nubes pero no especificas de qué color son, el lector dará por hecho que las nubes son blancas.
·         El escritor se compromete, además, a respetar las características del género que ha elegido. Eso significa que no se meterán elementos de fantasía en una trama policíaca y realista, porque implicaría romper con la continuidad y la coherencia de la narración, y descolocaría al lector.
Como decía al principio, una de las cosas más interesantes del pacto ficcional es que lo cumplimos incluso cuando no lo conocemos. Nadie se pone a leer Drácula bajo la premisa de que la historia es falsa porque los vampiros no existen. Dentro de Drácula, los vampiros existen. Es así. Que no te cuestiones ese tipo de cosas es precisamente lo que hace que la experiencia de lectura acabe siendo mágica. Gracias al pacto ficcional que llevamos intrínseco, en la literatura todo es posible.
Además, dentro del pacto ficcional, el concepto de verdad y de mentira se redefine por completo. Por ejemplo, cuando lees Jurassic Park, eres consciente de que los dinosaurios están extintos en el mundo real, pero en el contexto de la lectura, la existencia de los dinosaurios es VERDAD. Sin embargo, si al autor le diera por incluir unicornios en la narración, probablemente te sentirías desengañado y estafado por la historia. Dirías que la presencia de unicornios es MENTIRA. Siendo totalmente sinceros, ninguna de las dos cosas es verdad al uso: los unicornios no existen y los dinosaurios tampoco. Sin embargo, en el pacto ficcional con el escritor, el lector ha asumido que los dinosaurios no constituyen una mentira, pero no ha hecho lo mismo con los unicornios. De esta manera, se mantiene la idea de que todo es posible, sin perder la coherencia en las narraciones y sin romper con el realismo dentro de la experiencia de lectura.
Como puedes comprobar, no es que el pacto ficcional no se pueda romper: por poder, se puede. Como lector, puedes pasarte toda la lectura quejándote de que las hadas no existen o indignándote porque la narración esté en pasado cuando sabes que nada ocurrió de verdad. Como escritor, puedes cambiar el fuego de los dragones por hielo sin dar explicaciones, puedes mezclar dinosaurios con unicornios y puedes hacer que las nubes sean de color violeta sin avisar al lector. Pero no haces ninguna de esas cosas, porque como lector quieres disfrutar de la lectura y como escritor quieres crear algo que te guste y que guste a los lectores. En general, el pacto ficcional no se rompe porque nadie quiere cargarse un proceso de comunicación tan bonito como el que se produce al crear e imaginar una historia.
Evidentemente, aunque hablo de literatura, el pacto ficcional se aplica a cualquier tipo de narración: lo verás en el cine y en el teatro, en cualquier relato y en cualquier historia. Aunque muchos no lo conozcan o no sepan su nombre, forma parte de la esencia de toda trama. Existe antes de que empecemos a escribir.
Aunque escritores y lectores llevemos este pacto intrínseco, y aunque tal y como lo he descrito, parezca muy fácil de cumplir, no debemos olvidarnos nunca de él. El mundo del arte es siempre libre y sabemos que cierto caos forma parte de su encanto, pero si pasamos por alto las bases del pacto ficcional podemos cometer errores graves en el proceso de creación: podemos destruir la trama y decepcionar al lector, o podemos estropear nuestra propia experiencia de lectura. Por ello, tener presente un orden, una norma que mantenga siempre la empatía y la conexión entre lector y escritor, puede ser lo que marque la diferencia y lo que nos permita disfrutar de la historia de verdad.


jueves, 29 de septiembre de 2016

ANTOLOGÍA DE MICRORELATOS



ANTOLOGÍA


FELICIDAD
 Él le propuso matrimonio//Ella no aceptó//Y fueron felices.
                               Hugo Salas

Metacuento   
El escritor, frente a una hoja en blanco, buscó en su memoria aquella idea que por la mañana lo había estremecido, la misma que le hizo enchinar la piel. Este será un cuento perfecto, pensó, tiene que ser meta literatura, no puede ser de otra manera.
Entonces escribió: “Decidí matarlo. Lo hice con una daga. Lo tomé por la espalda y enterré el filo en la suavidad de su carne. Perforé su pulmón y cayó casi tan lento como su propia sangre que escurría a cuenta gotas desde las costillas hasta la parte más baja de su espina dorsal. Ni siquiera notó el sueño que le provocaba el vacío”. Apenas terminó de apuntar, sintió un dolor agudo en su espalda. El sangrado era ya muy avanzado y la respiración se le hizo dificultosa. Murió a los pocos segundos de dejarse caer. Ni siquiera le dio tiempo de sacar la pluma que, de manera dolorosa, quedó encajada en su pulmón.
Gustavo Gamboa

 El flautista de Hamelin
Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furioso, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas montañas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por prender el aparato televisor: los niños encantados lo siguieron hacia su perdición.
                                                                  René Avilés Fabila         


Otra vez “El cuervo y el zorro”
El cuervo subido a un árbol, estaba, no con un queso según dice la fábula clásica, sí con un sangriento pedazo de carne en el corvo pico. Llegó el zorro. El olor le hizo levantar la cabeza, vio al cuervo banqueteándose y rompió a hablar:
-¡Oh, hermoso cuervo! ¡Qué plumaje el tuyo! ¡Qué lustre! ¿No cantas, cuervo? ¡Si tu voz es tan bella como tu reluciente plumaje, serás el más magnífico de los pájaros! ¡Canta, hermoso cuervo!
El cuervo se apresuró a tragar la carne y dijo al zorro:
- He leído a La Fontaine.
                                                                                           Álvaro Yunque

Más vale pájaro en mano que cien volando
Eso le enseñaron. Lo mamó desde la cuna. Lo oyó desde sus primeros pininos. Se hizo carne en él. Entonces dejó volar los noventa y nueve pájaros y apretó fuerte, bien fuerte, el que tenía en la mano. El pájaro murió asfixiado.
                                                                                         Isidoro Blaisten

Cenicienta III
Advertidas por sus lecturas, las hermanastras de Cenicienta logran modificar, mediante costosas intervenciones, el tamaño de sus pies, mucho antes de asistir al famoso baile. Habiendo tres mujeres a las que le calza el zapatito de cristal, el príncipe opta por desposar a la que ofrece más dote. La nueva princesa contrata escribas que consignan la historia con su dictado.
                                                                                             Ana María Shua

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco
Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.
Gabriel García Márquez

El pozo

            Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
            Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
            Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
            En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
            "Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.
                                                                                 Luis Mateo Díez


El nunca correspondido amor de los fuertes por los débiles

Hasta el fin de sus días Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona, a aquella mujer terrible cuya mirada, si se cruzaba con la de un mortal, convertía a éste en una estatua de piedra. Pobre tonto. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vio de lejos, se enamoró de él. Nunca le había sucedido antes. Todos los que, atraídos por su belleza, se habían acercado y la habían mirado en los ojos, quedaron petrificados. Pero ahora Medusa, enamorada a su vez, decidió salvar a Perseo de la petrificación. Lo quería vivo, ardiente y frágil, aún al precio de no poder mirarlo. Bajó, pues, los párpados. Funesto error el de esta Gorgona de ojos cerrados: Perseo se aproximará y le cortará la cabeza.
                                                                                     Marco Denevi

EL MIEDO

Una mañana, nos regalaron un conejo de indias.
Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.
Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.
                                                                                Eduardo Galeano

LA CITA DE SU VIDA

El lunes sueña con la cita. El martes se entusiasma pensando que se acerca. El miércoles comienza el nerviosismo. El jueves es todo preparativos, revisa su vestuario, va a la peluquería. El viernes lo soporta como puede, sin salir de su casa. El sábado, por fin, se echa a la calle con el corazón rebosante. Durante toda la mañana del domingo llora sin consuelo. Cuando nota que vuelve a soñar, ya es lunes y hay trabajo

                                                                                  Andrés Neuman


LA TRISTEZA
(cuento)
Rosario Barros Peña (España, 1935)
El profe me ha dado una nota para mi madre. La he leído. Dice que necesita hablar con ella porque yo estoy mal. Se la he puesto en la mesilla, debajo del tazón lleno de leche que le dejé por la mañana. He metido en el microondas la tortilla congelada que compré en el supermercado y me he comido la mitad. La otra mitad la puse en un plato en la mesilla, al lado del tazón de leche. Mi madre sigue igual, con los ojos rojos que miran sin ver y el pelo, que ya no brilla, desparramado sobre la almohada. Huele a sudor la habitación, pero cuando abrí la persiana ella me gritó. Dice que si no se ve el sol es como si no corriesen los días, pero eso no es cierto. Yo sé que los días corren porque la lavadora está llena de ropa sucia y en el lavavajillas no cabe nada más, pero sobre todo lo sé por la tristeza que está encima de los muebles. La tristeza es un polvo blanco que lo llena todo. Al principio es divertida. Se puede escribir sobre ella, “tonto el que lo lea”, pero, al día siguiente, las palabras no se ven porque hay más tristeza sobre ellas. El profesor dice que estoy mal porque en clase me distraigo y es que no puedo dejar de pensar que un día ese polvo blanco cubrirá del todo a mi madre y lo hará conmigo. Y cuando mi padre vuelva, la tristeza habrá borrado el “te quiero” que le escribo cada noche sobre la mesa del comedor.

LITERATURA

(cuento)

Julio Torri (México, 1889-1970)

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.
La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

FIN DE BAILE

(cuento)

Miguel Ángel Hurtado (España)

Acaban de bajar las luces del salón de baile. La banda comienza a tocar la última canción: una balada. Siempre odié la música lenta, pero ésta significa “te quiero”, y hay poco más que decir.
Nunca unos ojos me habían mirado así. Nunca había sentido mi cuerpo vibrar a cada nota, ni mis ojos mirar más fijos a algo.
Estas notas que envenenan el aire me han henchido el pecho, hiriendo mi alma de muerte. Me noto temblar cuando nuestras manos se unen, y sus enormes ojos azules se clavan como preciosas aristas de poliedros de amor en mi mente, en mi corazón, en mi recuerdo.
Mientras, suavemente, el cantante me demuestra que todo lo que ocurre es real, y por ello, estrecho mi lazo, atenazando mis brazos a su espalda, acercando su pecho al mío. Noto su respirar entrecortado en mi entrecortado respirar, y entre medias nuestros pechos, golpeados por nuestro revolucionado corazón. Sólo quiero que el pianista lea mi mente, y toque para siempre esta melodía, mientras hago de mis labios una extensión de sus labios. Cierro los ojos para soñar que este momento es una poesía en nuestros oídos o el sabor del azúcar glasé del dulce más lindo del mundo.
Cuando abro los ojos veo los suyos mirándome, pero tienen veinte años más. No existe el salón de baile, sólo queda en nuestro recuerdo. Y la canción suena en nuestras cabezas, recordándonos cada día cuánto nos queremos, y que lo que una vez fue sueño permanece siendo realidad.

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA…”
Jaime Sabines (México, 1926-1999)
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?






viernes, 23 de septiembre de 2016

EJERCITACIÓN DE SINTAXIS

Para practicar oraciones bimembres y unimembres


1. Analizar las siguientes oraciones. Especificar si son bimembres o unimembres. 

Habrá mucha comida en la fiesta.
Conmemoramos hoy el día de la Memoria.
La periodista de pelo largo habla con mucha convicción.
Hizo mucho calor este verano.
En enero los alumnos de Sexto año viajarán al Caribe.
La dama del alba.
El mito y la leyenda se transmiten de boca en boca.
Relampagueaba esa noche tremenda.
 .

2. Analizar el siguiente fragmento:

 El acomodador, un nuevo empleado,  como un  farol, alumbraba los asientos a los espectadores. Ellos miraban la pantalla y esperaban la película. Uno le dio a otro una bolsa de pochoclo inmensa. La bolsa tapó toda la pantalla . Los demás espectadores los silbaron

3. Agregar al párrafo anterior : una oración en voz pasiva y una unimembre